Una tarde en el Mitre, entre libros y mujeres ejemplares

La jornada gris estuvo amenazante todo el día jueves. Goterones y nubes aceradas, merodeaban la Capilla Nra. Sra. de Loreto en el extremo sur de la ciudad cuando llegamos a leer.
Silvia, la encargada de la Capilla rodeada de otras dos señoras, se adelantó a recibirnos y a agradecernos anticipadamente la presencia.
Nos cuenta que el edificio del templo fue construido a principios de los ’80 cuando el padre Carbonelli puso el primer ladrillo. Y que ellas, hacen un poco de todo en ese lugar que se nota aman.
Como al pasar nos dice que Lorena, la que coordinó nuestra llegada, está atrás haciendo tortas. Le pedimos ir a saludarla y por el pasillo llegamos al patio trasero dónde un grupo de mujeres animosas, esparcen fuego debajo de la olla. Otras atienden el horno que coce unas ricas tortillas. Dos, le quitan grumos al chocolate ayudándose de un colador inmenso.
Les pregunto cuánto tiene la olla y me contestan que 50 litros, miro y de chocolate debe haber unos 40 litros. Pienso en cuántos chicos podrían disfrutar de él y me imagino que el público en la vereda será bien numeroso.
Nuestra visita sigue y nos llevan con Vanina y Libia a conocer el Rinconcito Loreto una aula amorosamente adornada con guirnaldas, con pinturas y frases escritas en sus paredes. Queremos saber quién lo hizo y nos hablan de mochileros. Jóvenes que misionan pero que desde hace tiempo y por la pandemia dejaron de venír.

Lorena dice que es nueva en la función que reemplaza a su hermana que era quien antes estaba a cargo de los niños. Esas mujeres menuditas tienen una plenitud, como para contagiar. Aunque finalmente nos damos cuenta de qué es lo que hacen regalan trabajo, ánimo y optimismo.
Quizás por eso nos impactan tanto. Quizás porque con otros instrumentos, los libros, nuestras lectoras voluntarias hacen un trabajo parecido.
Regalan imaginación, audacia y libertad que son los adjetivos de toda buena lectura.
En la mesa de la vereda adornada con globos que esperan por ellos, los niños ingresan al mundo de la mejor literatura.
Otra vez, ese instrumento, uno de los más perfectos de la creación humana, vuele a escena y al protagonismo: el libro.
Nos fuimos plenos, hablando como siempre entre nosotros de sus caritas, de sus gestos, que nos obligan a darles un mundo mejor.
Ya retornamos a nuestras actividades de rutina y el celular anuncia un nuevo mensaje. Es una de esas mujeres ejemplares de hace un rato, que escribe:
«Los chicos quedaron encantados gracias por venir». 

Si supieran que las gracias infinitas son hacia ellas, siempre anónimas pero dignas y con un coraje cívico que quizás desconozcan que lo tienen, pero les sobra.

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