Entre títeres, cuentos y brujas, el Plan debutó en un Jardín de Infantes

La calle 9 debe ser una de las mas más representativas arterias saenzpeñense. Viajar por ella es encontrarse con barrios, el centro, las vias, cooperativas y una de las salidas de la ciudad más antiguas.
En la esquina de la 22, la 9 muestra al paisaje urbano la fachada luminosa del 9, ese Jardín de Infantes que este año cumplió 50 años.
Ingresar a él es incursionar en un patio de juegos y antiguos areneros. Fue y es uno de los más reconocidos de nuestros jardines infantiles.
Llegamos con las lectoras del Plan, apenas después, de que los niños habían ingresado. Una cartelera con fondo negro y letras plateada nos dice: «Seamos libres, lo demás no importa» y un granaderito de cartulina parece leerla contínuamente.
Adentro las seños ya ubicaron a cada uno en sendas anillas de colores y empiezan a cantar la Canción a la Bandera mientras afuera otra seño iza la albiceleste al cielo del jardín.
Escucharlos cantar , mirar de fondo otra cartelera, con un San Martín de papel contemplando un Andes cuya cima está nevada de algodón es hermoso.
Terminado ese ritual de nacionalidad, acomodan sillas donde antes había anillas y todo queda en manos de nosotros.
Silvia, que volvía a leer con el Plan, inicia la lectura de un libro con un títere peludo y colorido que se llama Boris. En seguida todos quieren tocarlo y acompañan el relato fascinados.

Nos aplauden y nos abrazan. Y nos abrazamos desde el gesto afectuoso porque la pandemia está y aunque sea con ademanes nos demostramos que una vez más la lectura nos entregó el derecho a ser felices, aunque sea por una hora.
Dejamos ese Jardín de seños apasionadas por lo que hacen. Atravesamos su puerta principal que encima tiene colgado en letras de hierro negro un nombre: Sara Ch. de Eccleston. Una de las maestras que trajo Sarmiento para iniciar su colosal política de educación.
Nos vamos de ese Jardín preguntándonos si sabrán que Sara es considerada «La abuela de los jardines argentinos». Pero además, sabiendo que el próximo jueves 12 volveremos. A leer a otra burbuja de niños en ese escenario que nos invita a soñar que otro país, uno mejor, siempre es posible. Y que por ellos valen todos los esfuerzos por lograrlo.

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