Leyendo en el Obrero en un día sanmartiniano

Cruzamos a media mañana la laguna que limita a la terminal y de donde el municipio extrae agua para los camiones regadores.
La 29 y su ripio continúan hacia el este hasta internarse en el Barrio Obrero, donde lo primero que se adivina es el predio de una distribuidora de gas, luego la Escuela N° 866 y, una cuadra más allá,el destino que nos convoca, el Jardín de Infantes N°25 Clotilde Guillén de Rezzano.

La mañana primaveral de este 17 de agosto nos deposita al frente de un jardín que no se parece a los edificios de otros jardines que acostumbramos a visitar, sino que entramos a una casona como las de antes, pero muy bien mantenida.

Nos recibe Silvia, su directora, la que amablemente nos lleva por un pasillo, luego un patio donde obreros trabajan hasta abrirnos las puertas del salón donde los jardineritos nos aguardan sentados entres banderas que cuelgan del techo y carteleras alusivas a la fecha en que la patria conmemora a su padre.

Lorena, la seño que nos invitó, alista el sonido y los libros que nos acompañan amontonados en un cajón rojo empiezan a vivir en la voz de cada lector voluntario que el Plan llevó hasta ahí.
Otra vez vuelven a encenderse la emoción y la fantasía. Y un sapo de Gustavo Roldán se adueña de la escena y luego el lobo cuenta su versión propia de la historia de caperucita y su abuela y alguien lee «que llueva, que llueva la vieja está en la cueva…» y surgen palmas y enseguida coros.


Es una fiesta el plan, en ese rinconcito luminoso de la patria, en esa barriada que lleva por nombre un homenaje a los trabajadores .
Es un gusto leerles a Pedro, Eunice, Adabel y Mía. Y también a Gianella, a Luzmila, a Alma y a David.


La despedida está cerca, nos entregan una bolsita llena de dulces que, sin embargo, ni compiten con la dulzura que despiertan esos nenes sentaditos atentos y amorosos a la escucha.


Cuando empezamos a despedirnos David se levanta de su sillita y nos pide el micrófono sólo para contar su versión de Los tres chanchitos. Roxana lo imita y nos cuenta su versión de otro cuento inolvidable. Tenemos que decirle que nos esperan otros niños y otro jardín para que nos dejen ir.
Salimos recorriendo las salitas y oficinas, todo es igual a los chicos que lo habitan: está lleno de vida, de alegría, de cuidados.


Hoy hace 171 que la patria se quedó sin padre y unas cuántas décadas ya que extravió su rumbo. Ahí en la 29 entre 8 y 6 del barrio Obrero, cualquier argentino de bien, tiene a mano una brújula para recuperar el camino del sentido común, el amor al prójimo y volver a sentirse orgulloso de ser parte de la Patria de San Martín.

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