El Yrigoyen recibió al Plan en un Jardín bilingüe

La mañana de agosto nos regala el tibio aliento del viento norte, cuando cruzamos las vías yendo por la 43, hacia el este. Esa calle corta transversalmente tradicionales barriadas. Luego de 7 u 8 cuadras, a la derecha, aparece el edificio de la histórica Escuela de Luz y Fuerza y seguido nomás, el anexo del Jardín 25 «Clotilde Guillén de Rezzano» nuestro destino.
Mientras bajamos vemos que a continuación del Jardín de Infantes se encuentra un Instituto Secundario. En esa manzana del barrio Hipólito Yrigoyen se concentran las tres escuelas obligatorias de nuestra educación, la inicial, primaria y secundaria.
En tan poquito espacio concentrado, lo que más necesitan nuestros niños y adolescentes, educación.
En la salita que nos aguarda todo es orden, limpieza y vivacidad. Nuestros escuchas ya está sentaditos y expectantes.
Un friso enmarcado de banderines multicolores dice : Disfrutar de la Lectura y abajo NA’ AQIOQSE’ GA NA NA’ AQTAG, que repite en Qom el motivo del porqué tantas lectoras voluntarias forman parte de este Plan.
El anexo es bilingüe y recibe a alumnos de la vecina comunidad QOM. Y tiene a varias ADAS, nombre literario que identifica con sus siglas a las Auxiliares Docentes Aborígenes.


Picu,Silvia,Orne, Eve y Libia encienden el encantamiento lector. Los niñitos siguen atentos los relatos. Al fondo, con sus manos en los bolsillos, una practicante para ADA me cuenta que se llama Noelia y que la semana próxima se recibe.
El jardín está decorado de artesanías aborígenes, sorprenden por que son pequeñas no como las que nos acostumbramos a ver. En una repisa, artesanías de animalitos autóctonos se exhiben como logro estético de una de las ADAS. Los aplausos se vuelven largos eso indica que la lectura se terminó de disfrutar.
Noelia, el ADA prácticante, sigue en el fondo, dispuesta esta vez, a retratarnos con alumnos, docentes y lectoras voluntarias.
Terminan las fotos y Mateo, un jardinerito qom, nos pide contarnos su historia. Lo escuchamos y en su encanto narrativo hay futuro y esperanza.
Dejamos esa casa de enseñanza mágica, rodeado de hadas lectoras y adas que auxilian a los propios.
A la tarde Noelia me envía al móvil las 4 fotos del final. Le escribo gracias y al rato recibo «Qa’ ca machaqa». Es «de nada», en la ancestral sonoridad que heredó de los suyos.

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