Esta será una larga confesión, algo así como un guion de memorias en que cada una de sus páginas nos enseñará un afiche destellante, colorido, vital. Una realización de género amoroso que se desenvuelve en una sala que se oscurece y una linterna mágica se enciende. Para los cinéfilos, una fiesta de la imaginación. Para otros, un chantaje de la nostalgia. Un encuentro con fantasmas que habitan en cada fotograma. Sus maestros, entre planos y secuencias, filmaron desde el set lecciones de belleza, misterio y emoción. Porque el cine fue y es una escuela panorámica de la vida, una trama que nos pone de protagonistas cada vez que una escena o un acorde nos proyecta a la memoria el universo de una pantalla y su deslumbrante oscuridad. En estos días de adioses hemos resuelto estrenar este homenaje que no es ni más ni menos que una tierna declaración de amor. De amor al cine y a lo que hacemos. Señoras y señores, formen fila, boleto en mano, que la sala está habilitada.